lunes 28 de septiembre de 2009

Cronics/ Crónicas


Ya es sábado, me tengo que parar a orinar pero la flojera me vence, ojala pronto tenga más de setenta años para poderme dar la licencia de orinarme encima sin mayor reproche. 

Un café más tarde ya estaba en la compu revisando mi asistente de vida social –Facebook- aunque no puedo inventar mucho debido a mi limitado presupuesto, busco cualquier escusa para golpear mi maltratada tarjeta de crédito, con tal de no desperdiciar un sábado no-laboral.

En la tarde asistí a clases de alemán, en el salón cuatro gatos y dos perros somnolientos ansiosos de libertad, cama y silencio. El profesor con un acento mayamero en las pocas oportunidades en que soltó el castellano. El día largo, el sueño profundo y la jaqueca idiomática culminó a las 5: 30 pm exacto, hasta en eso son jodidos estos pity-yankys germánicos.

Al salir nuevamente a Venezuela, acudí al encuentro con una gran amiga, una estudiante de artes plásticas que tras súplicas y ojitos de perrito hambriento, accedí ayudarla con su trabajo de arte sonoro, -mas que ayudarla, era la utilización de mi cámara de video- cuya pauta era realizar una pieza de “ruidismo”, que en medio de mi ignorancia me pareció que en una ciudad como Caracas, no sería mayor reto, me equivoqué.

La noche cayó de golpe y sin saber qué hacer decidimos ir a los chinos para hablar idioteces entre verdes, azules y lumpias. El tiempo nos mateó sin previo aviso, las 9:30 pm ya, ella pendiente de estudiar, yo de un bonche, -estoy pasando la crisis de los 27, es comprensible ¿verdad?- a falta de quórum decidimos irnos a casa, no inventar y disfrutar del ventilador dar vueltas en el techo en la habitación. Justo cuando nos despedíamos, de la nada aparecieron dos chicas, una prima de mi amiga, de esas primas que nunca ves, rara vez se hablan, pero si se encuentran en la calle montan un show de Laura en América, como dos hermanas separadas al nacer, la otra chica igual emperifollada y visiblemente enbonchinchada. Sin Red bull, ni pensarlo dos veces accedí y arrastre a mi amiga a aventurarnos a empinar el codo donde nos coo.. agarre la noche. 

Greenwicht o cómo se escriba, otro lugar que frecuento, adulto-joven, viejo-inmaduro, latas van, latas vienen, -de cerveza me refiero, ojo- junto con mensajes a mis amigos de invitación, estatus rumbísticos, reporte de la movida nocturna de bajo presupuesto y principalmente cuadrar un carro.

Poco tiempo después, Gaby apareció, una despampanante morenaza amiga de toda la vida o por lo menos antes de mi ortodoncia y sus siliconas. A su lado su clavo de turno ya oxidado, a quien la música de los 80´s en el local, le recordaba nuestra edad, de poco hablar pero de mucho pagar. 

Menos de una birra nos tomó llegar al Maní es así, y si creían que yo no tengo cara de frecuentar tal ícono de ciudad capital, están en lo cierto, pero accedí para variar, cambiar de ambiente, y porque estaba cerca del Mullan Ruege, mi plan B si la cosa llegase a ponerse panzón. 

Frustrada, molesta y desubicada estaba mi amiga artista sentada en unas mesitas de jardín dentro del local, los precios no eran nada solidarios pero la atmósfera te transportaba hacia otra época, otro país, uno más tropical y caluroso que el nuestro. Observaba los cuadros desgatados en la pared, las estructuras lucían perenne en el tiempo, los presentes incluso vestían prendas coloridas, y boinas - a lo Habana, no a lo chavista-, el sonido en vivo de melodías tan viejas y tan vivas me invitaban a mover un pie y atreverme a mover las células latinas que debo tener tras 27 años de arepa, café de calidad y muchas botellas de ron. 

Ahí estaba yo, en el medio de la pista del Maní intentando bailar salsa, coraje, valentía, borrachera, como lo quieran llamar, con tal, con la pinta que tengo y la cara de pendejo que Dios me dio, sólo tengo que fingir un acento extraño, tan extraño como un alemán bailando salsa para excusarme por mi falta de ritmo y sazón.

El domingo es día de Dios, “!Dios qué ratón!,¡Dios mío y ésta cosa quién es! ¡Ohh my GOD!.

miércoles 23 de septiembre de 2009

Written / Artículo de Opinión

Arepa, Café y Violencia.
Por: Alexander Wittmann


Según el Índice Global de Paz (IGP) 2008, Venezuela, es uno de los países más violento de Latinoamérica y del mundo, nos peleamos el segundo puesto en Latinoamérica de esta nefasta lista junto con Colombia y Haití, el primer lugar lo ocupa El Salvador, con sus conflictos de pandillas, cuyas células se encuentran por todo el mundo. En ese ámbito nosotros no tenemos nada que envidiarle a los salvadoreños y si no fuimos capaces de ganar una medalla de oro en estas olimpiadas, nos dirigimos al menos, a arrebatarle la corona de violencia a nuestro hermano de centro América.

El pasado lunes el ministro de Relaciones Interiores y Justicia, Ramón Rodríguez Chacín declaró en rueda de prensa que más del 80 % de los venezolanos no han sido víctima del hampa en los últimos tiempos, en contraposición a esto, según estudios realizados por el Laboratorio de Ciencias Sociales (LACSO), revelaron que el 82, 5 % de los caraqueños teme ser atracado en algún lugar de la ciudad. ¿Cómo podemos interpretar estas cifras?, ¿Es acaso que en Venezuela vivimos en una perenne e irracional paranoia colectiva o simplemente es un descarado intento por parte del gobierno revolucionario de encubrir lo que vivimos a diario?. No hace falta ninguna sacar cifra para esta interrogante, es algo que hemos intentado sobrellevar, pero jamás debemos acostumbrarnos a ello, no podemos permitir acostumbrarnos a vivir en zozobra, angustias y asumirlo como algo natural.

Muchos hablan sobre la Venezuela de otros tiempos, “la Venezuela del dólar a Bs. 4,30,” como es llamada la época en que estas tierras la ocupaban más ciudadanos que habitantes. Como si fuese un mito, hemos escuchado sobre eras donde el venezolano vivía bien, conseguía todo tipo de alimentos, la gente era amable e incluso era la tierra soñada para muchos inmigrantes, como el caso de mis padres, quienes apostaron por la tierra de Bolívar para criar una familia hace más de 30 años. “Este clima no lo cambio por nada”, alega mi madre, a modo de consuelo, tras ver como se va deteriorando la situación y calidad de vida de su segunda patria. “Hay que acostumbrarse, ¿Qué se le va hacer?”, Al igual que mi madre, muchos venezolanos usan esta frase con frecuencia, pero, ¿debemos acostumbrarnos?, ¿por qué debemos dejar las buenas épocas en el pasado y adaptarnos a estos tiempos?, ¿por cuánto tiempo? Pareciera que en este país, es más gratificante y productivo recordar el pasado, que pensar en el futuro.

El caraqueño toma una serie de previsiones ante la inseguridad y la violencia, rituales y costumbres que han pasado incluso de una generación a otra, como si formara ya parte de nuestro folklore, nos encerramos en nuestras casas apenas cae la noche, enrejamos cada espacio, puerta, reja, hueco mal parado, para evitar el ingreso de los antisociales, alejamos las camas de las ventanas, por temor a alguna bala perdida interrumpa nuestro sueño y nuestra vida, caminamos temerosos resguardando la distancia con otras personas, desconfiamos de todo y de todos, algunos se persignan antes de salir de casa y no salen sin sus medallitas, cruces o cualquier otro artículo religioso o de suerte que los ampares en la odisea hacia su rutina diaria.

Pareciera ficción, que en un país donde no hay guerra (no declarada al menos), los fallecidos por causa de la violencia, los fines de semana y sólo en la ciudad capital, supera por mucho el centenar; y pareciera una tragicomedia, que para tan alarmante cifra, el gobierno emplee el término “ajuste de cuenta” para reducir o disimular, los números de muertes violentas que atiborran los deteriorados y saturados amorgues de Caracas los fines de semana; Si a duras penas estamos intentando acostumbrarnos a nuestro nuevo y devaluado bolívar fuerte, ¿cómo esperan que nos acostumbremos a dos denominaciones para nuestros muertos por violencia?.

Como resultado del paquetazo, Venezuela pasó a ocupar el primer lugar entre los mercados emergentes con peor desempeño, por encima de Argentina, cuyo riesgo país ha permanecido alto en los últimos meses, paralelo a esto, el barril de petróleo venezolano está ubicado desde ya varios meses en sus mejores registros, de 99.000 millones de barriles a 134.866 millones de barriles ascendieron, en los últimos ocho meses, las reservas de hidrocarburos. La cifra, representa un incremento del 35% en relación con el 2007 y coloca a Venezuela como el tercero con mayor cantidad de petróleo del mundo, según afirma fuentes del gobierno. Hasta ahora tenemos lo siguiente: estamos pronto a ocupar el segundo puesto como país más violento de Latinoamérica, somos el primer en riesgo país, pero el tercero con mayor reserva de petróleo, es decir, ¿estamos mal, pero vamos bien?, ¿para dónde vamos?.

Como una indiferencia preocupante, observamos al venezolano, adaptarse a esta involución social, mientras que otros países petroleros, como es el caso de Dubai, que en 30 años ha paso de un país pobre y pesquero, a ser una de las potencias mundiales, nosotros, que hemos tenido mayor historia en lo que al oro negro se refiere, estamos en un espiral, sin intención a ser alarmista, hacia un pozo de pobreza, anarquía y corrupción.

Muchos dicen, “antes había corrupción pero se vivía bien”, expresiones populares, que marcan pensamientos mediocres y conformistas, que decimos sin darnos cuenta, muchas veces, de lo que realmente conlleva. El nivel de tolerancia del venezolano sorprende a cualquiera que observe desde afuera, incluyendo el característico humor del venezolano, que envuelve las situaciones socio-político, con el clásico, “hay que reír, para no llorar”. No considero que sea una cuestión “botella esta medio vacía o medio llena”, las cosas no se arreglan con falsas perspectivas, tampoco hay que perder las esperanzas, ya que según encuestas del laboratorio de ciencias sociales, muestra tomada a 1.133 personas el año pasado, el período 2006-2007, había sido el más violento de la historia de Venezuela, es decir, que podríamos estar peor.

Por ahora, sólo nos queda a esperar, por ahí se está asomando la posibilidad de un nuevo referéndum popular para volver intentar lograr el mandato indefinido del presidente Chávez, ¿será acaso que el refrán “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista,” es nuestro único consuelo?, ¿esperamos?, ¿resistiremos?, amanecerá y veremos.

Interwiew/Entrevista de personalidad

VIVIANA SALOMÓN:

Demasiado adulta para su edad y a la vez demasiado niña

Por: Alexander Wittmann.

Para Viviana Salomón la vida ha transcurrido entre el baile, el ritmo y su música. Esta sonriente pisciana de cabellera larga, figura delgada con sus elocuentes comentarios confiesa que a diferencia de su vestuario, su vida no ha sido siempre de color rosa. Prendiendo su primer cigarro de la noche, sonríe al escuchar la pregunta inicial.

-¿Cómo fue Viviana la niña?

Creció muy rápido, de hecho creo que aún lucha por permanecer. Es inocente y tiene un mundo donde la realidad es tal y como ella quiere que sea, lo que más le gustaba eran los animales, la música, el baile, podía crear lo que quisiese con su mente.

-¿Cómo fue Viviana la adolescente?

Esa si era bien radical, le gustaban las emociones fuertes, vivir cada día como si fuera el último. Tuvo varias etapas. La primera fue entender la realidad y sobrellevar lo duro que era la vida. Después vino la etapa de disfrutarla al máximo porque es corta. Escribía en todo lugar donde estuviese Le encantaba el heavy metal y los melenudos.

-¿Cómo es Viviana la adulta?

Es demasiado adulta para su edad y a la vez demasiado niña, es bien disciplinada, sigue escribiendo, bailando, cantando y ha logrado muchos sueños. quizás no como ella quería, pero los ha logrado, creo que los adultos se entregan a los trabajos, cuentas y excusas para no vivir como quisieran, se olvidan que la vida es una sóla y que en cualquier momento uno se va y no queda ni dinero,.ni cuerpo, ni carrera, lo que queda en realidad supongo que es el espíritu.

-¿Cómo crees que será la abuela Vivi?

¡Ay Dios! creo que va a ser una nota total full de sabiduría pero a la vez muy sincera. Te aseguro que va a tener mil perritos, gatos y va a leer bastante...!por supuesto va a ser todo un bonche!.

-¿Puedes recordar alguna anécdota de la infancia que caracterice tu personalidad?

Cuando era niña hablaba tan rápido que nadie me entendía sólo mi hermano mayor . Mi mamá tenía que preguntarle ¿qué dijo?.

-¿Cuál fue tu momento más feliz?

Permíteme leer en mi diario: 2 de febrero del 2002; Estaba tan feliz y completa por que lo tenía todo, tenía toda mi familia bien, mi novio, mis animalitos, estaba grabando un disco y todo estaba perfecto, sentía que esa sincronización de prosperidad era la paz de mi felicidad.

-¿Cuál fue tu momento más triste?

Sin duda, cuando mamá murió, ese ha sido el día en que vi la realidad de la vida, nunca fuí la misma desde entonces.

-¿Cuál fue tu mayor logro?

Sacar a mi familia adelante y poder haberme mantenido después de problemas económicos tras la muerte de mi mamá sin ayuda de nadie.

-¿Cuál fue tu mayor fracaso?

Cuando mamá murió, yo tenía tantas esperanzas y recé tanto, pero tanto, de verdad, pensaba que la justicia llegaría que se iba a mejorar y todo iba a ser Disney.

Con un silencio y una sensación extraña en el estómago, observaba esta ahora mujer, seguir sonriendo mientras se retiraba un rizo negro azabache del rostro, revelando tras aquellos ojos, una mirada cristalizada por las lágrimas renuentes a brotar. Retomo mi postura sentándome derecho, mientras que el mesonero empieza a recoger las cuentas de los rezagados clientes. Me apresuro para continuar la entrevista cambiando el tema.

-Entre la música, ser profesora y la comunicación social, ¿cuál es tu pasión?

Se te olvido la más importante, el baile, que junto con la música y la comunicación social si te das cuenta es todo lo mismo...comunicar.

-¡¿Cuándo es la boda?!

Cuando se vaya Chávez., espero antes del 2021.

-¿Te han roto el corazón?

Mil veces...de todo tipo de amores, familiares, hasta platónicos.

-¿Haz roto tú corazones?

Si, pero todos platónicos y a los que se lo merecían.

-¿El amor es para siempre?

No del todo, depende, el amor sano si lo es, al menos para mí, pero el amoroso puede serlo sólo si se cuida ...si no ¡no!.

-¿Amor a primera vista?

Creo en él, pero creo que eso es netamente físico, pero podría existir.

-¿Una canción?

Imagine

-¿Un libro?

Lord of the rings, the return of the king, para ser exacta.

-¿Un lugar?

El cielo.

-¿Un olor?

El de mi mami.

Con esta pregunta se había terminado la entrevista, dando como resultado un cenicero repleto de colillas, servilletas arrugadas y varias botellas vacías sobre la mesa; ya de salida una vez recogida la cartera emprendida la retirada y a la distancia, se le preguntó entre el eco de un centro comercial despoblado:

-¡Vivian!, ¿Eres feliz?

Sí, a veces no tanto, pero sí ...he aprendido a ser feliz sin importar nada, se lo tripea todo...lo amargo...lo dulce...al menos de eso se trata.

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